Historia de la Vaca

Sábado, mayo 24, 2008 at 6:57 2 comentarios

Esta historia me la recordó mi maestro de estadística en la mañana y al recordarla, recordé que es muy cierta, que en algunas ocasiones he matado alguna vaca y que los resultados han sido muy favorables. Equivale también a que cualquier cambio siempre es bueno. Los quiero, gracias por visitar mi blog.
   
La historia cuenta que un viejo maestro deseaba enseñar a uno de sus discípulos por qué muchas personas viven atadas a una vida de mediocridad y no logran superar los obstáculos que les impiden triunfar. No obstante, para el maestro, la lección más importante que el joven discípulo podía aprender era observar lo que sucede cuando finalmente nos liberamos de aquellas ataduras y comenzamos a utilizar nuestro verdadero potencial.
Para impartir su lección al joven aprendiz, aquella tarde el maestro había decidido visitar con él algunos de los lugares más pobres y desolados de aquella provincia.
Después de caminar un largo rato encontraron la que consideraron la más humilde de todas las viviendas.
Aquella casucha a medio derrumbarse, que se encontraba en la parte más distante de aquel caserío, debía ser -sin duda- alguna la más pobre de todas. Sus paredes milagrosamente se sostenían en pie, aunque amenazaban con derribarse en cualquier momento; el improvisado techo dejaba filtrar el agua, y la basura y los desperdicios que se acumulaban a su alrededor daban un aspecto decrépito a la vivienda.
Sin embargo, lo más sorprendente de todo era que en aquella casucha de 10 metros cuadrados pudiesen vivir ocho personas. El padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos se las arreglaban para acomodarse en aquel lugar.
Sus viejas vestiduras y sus cuerpos sucios y malolientes eran prueba del estado de profunda miseria reinante.
Curiosamente, en medio de este estado de escasez y pobreza total, esta familia contaba con una posesión poco común en tales circunstancias: una vaca.
Una flacuchenta vaca que con la escasa leche que producía, proveía a aquella familia con el poco alimento de
algún valor nutricional. Pero más importante aún, esta vaca era la única posesión material de algún valor con que contaba aquella familia. Era lo único que los separaba de la miseria total.
Y allí, en medio de la basura y el desorden, pasaron la noche el maestro y su novato discípulo. Al día siguiente,
muy temprano y sin despertar a nadie, los dos viajeros se dispusieron a continuar su camino. Salieron de la morada y antes de emprender la marcha, el anciano maestro le dijo a su discípulo: “Es hora de que aprendas la lección que has venido a aprender”.
Sin que el joven pudiese hacer nada para evitarlo, el anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y degolló la pobre vaca que se encontraba atada a la puerta de la vivienda, ante los incrédulos ojos del joven.
Maestro, dijo el joven: “¿Qué has hecho? ¿Qué lección es ésta, que amerita dejar a esta familia en la ruina total? ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca, que representaba lo único que poseía esta familia?”
Haciendo caso omiso a los interrogantes del joven, el anciano se dispuso a continuar la marcha, y maestro y discípulo partieron sin poder saber que suerte correría aquella familia ante la pérdida de su única posesión.
Durante los siguientes días, una y otra vez, el joven era confrontado por la nefasta idea de que, sin la vaca,

aquella familia seguramente moriría de hambre.
Un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar nuevamente por aquellos senderos a ver que suerte había corrido aquella familia. Buscaron la humilde posada nuevamente, pero en su lugar encontraron una casa grande.

Era obvio que la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado fuerte para aquella familia, quienes seguramente habían tenido que abandonar aquel lugar y ahora, una nueva familia, con mayores posesiones, se había adueñado

de aquel lugar y había construido una mejor vivienda.

¿Adónde habrían ido a parar aquel hombre y sus hijos? ¿Qué habría sucedido con ellos? Todo esto pasaba por la mente del joven discípulo mientras que, vacilante, se debatía entre tocar a la puerta y averiguar por la suerte de

los antiguos moradores o continuar el viaje y evitar confirmar sus peores sospechas.
Cual sería su sorpresa cuando del interior de aquella casa salió el hombre que un año atrás le diera morada en su vivienda. ¿Cómo es posible? preguntó el joven. Hace un año en nuestro breve paso por aquí, fuimos testigos de la profunda pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este año para que todo esto cambiara?

Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían sido los causantes de la muerte de su vaca, el

hombre relató como, coincidencialmente, el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su vaca, había degollado salvajemente al animal.
El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su primera reacción ante la muerte de la vaca había sido

de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la vaca había sido su única fuente de sustento. El poseer esta vaca le había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos, quienes envidiaban no contar con tan preciado bien.

Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel trágico día, decidimos que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Así que decidimos limpiar algo del terreno

de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y decidimos sembrar vegetales y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos.
Después de algún tiempo comenzamos a vender algunos de los vegetales que sobraban y con este dinero compramos más semilla y comenzamos a vender nuestros vegetales en el puesto del mercado. Así pudimos tener dinero suficiente para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. De esta manera, poco a poco, este

año nos ha traído una vida nueva.
El maestro, quien había permanecido en silencio, prestando atención al fascinante relato del hombre, llamó al joven a un lado y en voz baja le preguntó:
¿Tú crees que si esta familia aún tuviese su vaca, estaría hoy donde ahora se encuentra?
Seguramente no, respondió el joven.
¿Si ves? Su vaca, fuera de ser su única posesión, era también la cadena que los mantenía atados a una vida de mediocridad y miseria.
Al no contar más con la falsa seguridad que les proveía el sentirse poseedores de algo, así no fuese más que una flacuchenta vaca, debieron tomar la decisión de buscar algo más.

En otras palabras, la misma vaca que para sus vecinos era una bendición, les había dado la sensación de poseer algo de valor y no estar en la miseria total, cuando en realidad estaban viviendo en medio de la miseria.
Así es cuando tienes poco. Lo poco que tienes se convierte en un castigo, ya que no te permite buscar más. No eres feliz con ello, pero no eres totalmente miserable. Estás frustrado con la vida que llevas, más no lo suficiente como para querer cambiarla. ¿Ves lo trágico de esta situación?
Cuando tienes un trabajo que odias, que no suple tus necesidades económicas mínimas y no te trae absolutamente ninguna satisfacción, es fácil tomar la decisión de dejarlo y buscar uno mejor. No obstante, cuando tienes un trabajo del cual no gustas, que suple tus necesidades básicas pero no te ofrece la oportunidad de progresar;

que te ofrece cierta comodidad pero no la calidad de vida que verdaderamente deseas para ti y tu familia, es fácil conformarte con lo poco que tienes.

Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida. Ideas, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a la mediocridad, dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra un

mundo de oportunidades por descubrir. Oportunidades que sólo podremos apreciar una vez hayamos matado nuestras vacas.

Fuente: Camilo Cruz (Liderazgo y Mercadeo)

 

 

 

 

 

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2 comentarios Add your own

  • 1. Linnet Azuara  |  Sábado, mayo 24, 2008 en 10:10

    Esa es un historia muy hermosa, si no mal recuerdo en algun momento de mi vida me la contaron!!!

    y creo que de cierto modo, todos tenmos una vaca amarrada a nuestras vidas! por decirlo asi.

    es lamentable ver cuando alguien se aferra a algo, pero es aun más lamentable el hecho de que nos ceguemos ante la realidad!!

    cierto día un maestro me dijo: “El que kiere hacer algo, lo hace y el que no kiere siempre va a encontrar un pretexto”

    y si mis calculos no me fallan, el ser humano es un animalito, que busca cualkier pretexto, para diske “sentirse protegido”…
    no digo que todos, pero en su mayoria, suelen ser muy conformistas, se aferran tanto a lo primero que obtinen, que piensan que si siguen más aya, podrían kedarse sin nada!!

    Más bien, creo que la palabara “riesgo”, represnta un factor de , “miedo e inseguridad” en el ser humano, afortunandamente, ay kien deside y desidió arriesgar!

    Se imagina, ke fuera de nosotros en este momento, si no ubiese existido y siguiese existiendo la gente que arriesga y hace posible la evolucion del ser humano?

    lo se!
    tiene su lado bueno, y tambien su lado malo!
    pero es parte del equilibrio, aunke muchas veces este se rompa!

    tener una mejor calidad de vida, depende de uno mismo,de nadie más!
    solo es cuestion de arriesgar!
    Dicen por ahi, que muchas veces, la prudencia puede ayudar, pero cuando lo comprueve, le contare como me fue o’k?

    muy buen artículo, me gusto!
    que tenga un buen día!

    Responder
  • 2. suhail*  |  Lunes, mayo 26, 2008 en 2:07

    sin duda alguna esta historia tiene una moraleja muy muy cierta, a la cual debemos prestarle atención, ya que sí, desafortunadamente nosotros los seres humanos somos muy conformistas, lo cual no de bería de ser. Siempre he creído que nunca debemos conformarnos, que no debemos dejar morir la creatividad, la imaginación, la ilución de buscar por algo mas, por algo mejor. Creo que la mayoría de nosotros nos dedicamos a simplemente vivir, a simplemente seguir la corriente, y no me dejaran mentir!!!! la mayoría es así!! cosa que provoca caer en la rutina viviendo, muchas veces quejandonos de las cosas que nos pasan, quejandonos de no ser felicez talvez, tambien quejandonos de lo que tenemos, y claro, de lo que no tenemos también. Sin darnos cuenta que debemos dejar de quejarnos y empezar a buscar soluciones, empezar a tener valor para dejar todo lo que no nos hace feliz, en este caso, dejando atras lo que los mantenía en la “miseria” y empezando desde cero para tener una vida mejor. Claramente debemos reflexionar y pensar en lo que debemos realmente hacer, como en la historia, esta el caso de la vaca, y sí, es muy cierto, en nuestras vidas siempre va a existir esa vaca. Pero lo importante esta realmente en ” matar a la vaca” (aunque suene feo jiji), muchas veces duele, pero aveces las cosas que duelen te hacen mas fuerte y una mejor persona.

    Maestra una muy bonita leccion para que nosotros pensemos un segundo en los cambios que podría dar nuestra vida si empezamos por “matar nuestras vacas” jaja.!

    un beso enormeee!
    baee

    Responder

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